Desde el 19 de mayo, los embalses españoles han perdido 14.000 hm³: todo el agua que cayó en invierno se está evaporando

El año hidrológico se cierra en su nivel más alto desde 2014. Sería una buena noticia si no lleváramos 19 semanas seguidas perdiendo agua

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Javier Jiménez

Editor Senior - Ciencia
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Javier Jiménez

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El primero de octubre de 2025, los embalses de la cuenca del Segura guardaban 188 hectómetros cúbicos de agua. Hoy, último día del año hidrológico, guardan 571. No es algo que ocurra en todo el país (el Ebro, por ejemplo, está por debajo de la media), pero que el corazón de la sequía endémica española tenga el triple de reservas que el año pasado es, aparentemente, una buena noticia. 

Porque todo esto tiene letra pequeña: llevamos 19 semanas seguidos perdiendo agua. 

Y sí, es algo normal. Así es como espira un sistema hídrico como el nuestro (que solo inspira un par de veces al año). Sin embargo, es importante recordarlo: las reservas están como están por un golpe de suerte (el enero más lluvioso en mucho, mucho tiempo), todo lo demás está por hacer.

Pero tengamos clara la fotografía. Según el último boletín hidrológico del Ministerio para la Transición Ecológica, la reserva de agua peninsular está en 33.204 hm³. Eso supone el 59,2% de nuestra capacidad de ahorro. Son 2.377 hm³ más que hace un año y 8.220 por encima de la media de la última década para estas fechas. 

Es, en principio, el mejor septiembre desde 2014. 

La pregunta clave es por qué y ahí es donde empiezan los problemas. Porque el último boletín con subidas generales es el del 19 de mayo.  En ese momento, España estaba al 84,2% de su capacidad. Desde entonces no hemos hecho más que bajar y es lo normal: los embalses españoles se llenan en invierno y primavera. 

Sin embargo, lo que sorprende es todo lo que hemos perdido desde mayo. 13.974 hm³ son el equivalente del 80% de todo lo que cabe en el Guadalquivir y el Guadiana juntos o, por poner un ejemplo más redondo, cerca del doble de la capacidad de embalse de toda la cuenca del Ebro. 

Es casi el mismo porcentaje que en 2025, pero mucha más agua. Casi 1.500hm³ más en el mismo periodo.

Parece que no hemos aprendido nada. ¿Cómo es posible que a estas alturas sigamos aplicando la máxima de que "cuanto más agua hay, más se gasta"? Es verdad que puede haber explicaciones "razonables": desde desembalses hidroeléctricos (ya que hay más agua turbinable) a un incremento de la evaporación en un verano excepcionalmente cálido. Sin embargo, el Ebro nos señala que nada es accidental.

Y no sería una novedad, como explicaban en Datadista, "desde la profunda sequía de los años noventa, cada periodo seco ha servido para implantar medidas de emergencia [...] o permitir prácticas que no se eliminaron al volver las lluvias, se emplearon para ampliar regadíos, aumentando el problema  de sobreexplotación y contaminación de acuíferos y los humedales a los  que alimentan".

Lo que sorprende es verlo en vivo y en directo. Justo cuando un enorme golpe de suerte nos ha alejado de una de las sequías más pertinaces del siglo. 

¿Qué podemos esperar? De momento, más de lo mismo: sin borrascas profundas entrando por la vertiente atlántica, lo razonable es que la reserva siga bajando unas semanas más. Otoño es una temporada de lluvias, sí; pero son lluvias muy difíciles de aprovechar. 

Por ahora, pese a que El Niño puede jugar a nuestro favor, las previsiones estacionales de AEMET hace promesas más bien tibias ("un 50% de probabilidad de otoño húmedo frente a un 20% de seco en el norte, centro y oeste, y de hasta un 70% en el noroeste"). Y precisamente eso es lo que tendría que preocuparnos: ni cuando la atmósfera nos da un pase de gol, parece que podamos aprovecharlo. 

Imagen | Jonathan Bean

En Xataka | Un descalabro: no hay otra palabra para definir lo que le ha pasado al agua embalsada en el Ebro este verano


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