Echar escombros de hormigón al mar parece una barbaridad. En Canarias lo van a probar para frenar el cambio climático

La alcalinidad del agua es clave para que pueda seguir absorbiendo el CO₂ que no sobra en la atmósfera

Oceanos
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José A. Lizana

Editor

Ante un cambio climático que cada vez va a más, el océano se ha convertido en nuestro mayor aliado para poder absorber todo nuestro CO₂. El problema es que tiene un límite que ahora queremos expandir sea como sea. Y para hacerlo, a alguien se le ha ocurrido la idea de usar los escombros de hormigón para echarlos directamente al mar con el objetivo de que el agua capture mucho más dióxido de carbono. 

Tiene sentido. La estrategia detrás de esta idea se basa en la alcalinización de las aguas marinas y aprovecharnos de que a nivel global la industria produce unos 7.000 millones de toneladas anuales de materiales alcalinos. De esta manera, utilizar estos residuos industriales como fuente de alcalinidad tiene un potencial de almacenamiento estimado entre 2.900 y 8.500 millones de toneladas de CO₂ al año hacia 2100. Aunque esto es algo que está sobre el papel. 

A la práctica. Para comprobar si esta teoría es viable, los investigadores ya se han puesto manos a la obra en Gran Canaria, aunque con un sistema controlado para, lógicamente, no llegar y comenzar a tirar escombro en mitad del mar sin ningún tipo de control. Y para tenerlo todo bien atado, los investigadores van a utilizar grandes estructuras cilíndricas llamadas mesocosmos. 

En estos mesocosmos es donde se van a introducir los escombros de hormigón molido en cantidades crecientes, aunque no todos contarán con esta composición. Y es que, para hacer una comparación, otros cilindros se van a tratar con hidróxido sódico líquido para tener una referencia de alcalinidad "pura". 

La monitorización. Con el objetivo de saber exactamente qué ocurre en nuestros océanos, los investigadores van a estar midiendo el pH del agua, la captación de CO₂ y también el impacto que puede tener sobre el fitoplancton, que a día de hoy es uno de los grandes aliados que tenemos para eliminar el CO₂ de nuestra atmósfera. 

Hay precedentes. Aunque parece una auténtica locura, la realidad es que este ensayo no parte de cero, puesto que ya en 2021 el experimento de Taliarte hizo algo similar. En aquel año, nueve mesocosmos ubicados en el mismo muelle probaron la alcalinización con sales de carbonato disueltas y ya equilibradas con CO₂. Ahora, se va a tratar de comparar el rendimiento del hormigón con el resultado que nos dieron estas sales de carbonato. 

Pero ya lo resultados de 2021 trajeron mucho optimismo, puesto que la mayoría de los compartimentos biogeoquímicos no cambiaron en ningún nivel de alcalinidad. Y un equipo de la Universidad de Málaga determinó también que la alcalinización no provocó estrés celular ni deterioró la condición fisiológica del fitoplancton.

El gran desafío. A pesar de que el ecosistema toleró el proceso, el experimento de 2021 sacó a la luz un importante reto químico, puesto que en el mesocosmo con más alcalinidad se perdió alcalinidad y CO₂ almacenado a partir de la segunda semana, hasta cerca de un 10 % en cuatro semanas.

La causa de este contratiempo es que las partículas pueden actuar como núcleos de esa precipitación, incluso con dosis menores. La buena noticia es que es un riesgo ampliamente documentado en el uso de la cal, que es la fase alcalina del cemento y resulta muy pertinente para el caso del hormigón.

Imágenes | Liisbet Luup 

Vía | EFE

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