
El mar Mediterráneo está haciendo endiabladamente difícil las predicciones y eso tiene un impacto enorme en nuestor día a día.
A las 09:08 de este martes, AEMET ha puesto en rojo el litoral y el prelitoral de Barcelona: "más de 90 l/m² en una hora", "probables inundaciones", "peligro extraordinario". Estará en vigor hasta las 11:59. Es decir, menos de tres horas: con la tormenta en marcha, los niños en las escuelas y la gente en la calle.
Es el segundo rojo de AEMET en esas mismas comarcas en trece días. Y hace tres semanas, el Govern cerró colegios y restringió la movilidad por una tormenta que acabó descargando en el mar. Hoy, pase finalmente lo que pase, no se podrá cerrar.
De forma involuntaria, el litoral de Barcelona se ha convertido en el gran laboratorio de la que quizás sea la pregunta más compleja de la meteorología: cómo avisar de algo que sabemos que va a ocurrir, pero no sabemos dónde ocurrirá.
¿Qué ha pasado exactamente? El lunes, Meteocat ya había activado su nivel rojo (5 sobre 6) en ocho comarcas y Protecció Civil mandó un ES-Alert a los móviles. No obstante, se decidió no cerrar escuelas: las lluvias torrenciales, explicaba la subdirectora Imma Solé, serían "muy locales y puntuales".
Esta mañana del martes, AEMET tenía rojo solo en el litoral norte de Tarragona y naranja en Barcelona. No es inusual que Meteocat y AEMET no coincidan: miden ventanas temporales distintas y, por eso mismo, aportan información diferente.
Sin embargo, la situación se ha precipitado: a las nueve de la mañana, Renfe suspendía el AVE y la media distancia en toda Cataluña y quince minutos antes la Agencia había movido ficha poniendo en rojo el litoral y el prelitoral de la Ciudad Condal.
¿Cuánto lloverá? No lo sabemos, pero hay potencial para que lo haga mucho. Los primeros datos fiables llegarán esta tarde, pero sí sabemos que los umbrales de AEMET en esta zona se activan cuando se esperan 90 litros en una hora o 180 en doce.
El problema es que lo que estamos viendo estos días no es ni una dana clásica, ni una borrasca tradicional: es aire frío en altura que se acerca a un Mediterráneo tremendamente caliente. En ese contexto, con la humedad entrando por levante, se forman nubes de gran desarrollo sin necesidad de que haya un sistema de bajas presiones.
El calor de mar hace que una configuración clásica se convierta en algo relativamente nuevo y, aunque los modelos saben desde hace días en qué regiones va a pasar esto, no son muy finos en estimar donde va a "romperse" la configuración.
¿Y entonces? Ahora mismo prudencia. Como dice AEMET, lo mejor es hacer caso a las recomendaciones de protección civil porque son ellos los que coordinan la respuesta de emergencias en el territorio. La evolución de estos fenómenos es tan impredecible que nos puede sorprender de un momento para otro.
¿Y si se equivocan? Ese es uno de los grandes miedos de todo este tipo de alertas: la idea de 'Pedro y el lobo'. Sin embargo, la historia de Pedro es eso, un cuento. La investigación científica (LeClerc y Joslyn, 2015) explicaba que aunque las falsas alarmas hacen que la gente siga mucho menos las recomendaciones; reducirlas no arreglaba el problema por sí solo (a partir de cierto punto, lo empeoraba, porque aumentaban los fallos). Lo que más mejoraba las decisiones era añadir la probabilidad.
Por ahí deben de ir el futuro de las alertas, es cierto. Situaciones como las de hoy nos ponen, frente a frente, con eso.
Imagen | ECMWF
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