
Se nos olvida a menudo lo difícil que es predecir una dana. Y eso cada vez es más peligroso
Primero, 117 litros por metro cuadrado. Luego, 255. Más tarde, 87. Y para acabar, 52. Eso son los máximos que el 'Modelo Europeo' de previsión meteorológica daba para el golfo de Valencia entre el 1 y el 8 de noviembre. Y son solo cuatro ejecuciones consecutivas del modelo, una cada doce horas, entre el sábado y la madrugada del lunes 26 de octubre.
No cambia nada: ni el mar, ni la semana, ni el modelo de previsión. Solo cambia la hora de ejecución (y el nivel de incertidumbre).
No iba a escribir sobre esto porque, como he repetido muchas veces, las previsiones a largo plazo son uno de los grandes problemas de la meteorología contemporánea. Y sin embargo, hay algo que sí tiene sentido decir: que, a medida que las danas se vuelven más grandes, este tipo de alarmas nos van a salir cada vez más caras.
¿De dónde salen estas cifras? De las distintas pasadas que el modelo del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio ha ido publicando entre el sábado 24 y el lunes 26 de octubre. Los datos son públicos, pero hay muchos y hay que ser cuidadosos con lo que miramos.
Un ejemplo rápido: mientras un modelo daba esos 255 litros, el AIFS (el modelo de inteligencia artificial del propio ECMWF que trabaja con los mismos datos) daba un máximo de 10 litros. El GFS estadounidense daba 20.
¿Cómo es posible? Para empezar porque, con el tiempo, hemos ido moviéndonos de modelos deterministas (imágenes fijas sobre el futuro) a modelos probabilísticos (que nos dan un conjunto de escenarios con sus respectivas probabilidades). Desde el 12 de mayo, de hecho, el tradicional HRES ya no existe y su lugar ha sido ocupado por un "control" dentro de un conjunto de 51 escenarios distintos.
Esto complica la predicción habitual (eso de decir si lloverá o no en un sitio concreto), pero a cambio nos permite tener una imagen mucho más realista y ponderada de lo que pasa en la atmósfera. Eso sí, no nos permite coger un solo escenario y extenderlo a lo que va a ocurrir dentro de nueve días.
Pero si todo cambia tanto en tan poco tiempo... ¿podemos fiarnos? La atmósfera es un sistema caótico. Eso hace, casi por definición, que pequeñas variaciones en los datos de entrada produzcan cambios muy considerables. Para nuestra tranquilidad, la atmósfera también tiene algo que podríamos llamar "inercia". Depende del tamaño del fenómeno: cuanto mayor es, más predecible suele ser.
Por ejemplo, sabemos que las estructuras de menos de 200 kilómetros pierden toda predictibilidad en menos de tres días.
Y cuando hablamos de danas, hablamos de estructuras relativamente delimitadas en las que unas pocas decenas de kilómetros de desplazamiento deciden dónde descarga. Por eso, las precipitaciones vinculadas a las grandes borrascas profundas que entran desde el Atlántico son más fáciles de predecir y las danas, un infierno.
¿Y, entonces, qué podemos esperar? Digamos que lo que tenemos hasta ahora es más una señal que un pronóstico. Sabemos que probablemente llueva (AEMET no da predicciones locales a tan largo plazo, pero el último día de la suya ya hay lluvia), pero estamos lejos de saber cuántas, dónde y cómo serán esas precipitaciones.
No obstante, nada de esto es lo interesante ahora mismo. Lo que toca decir es que, a medida que las danas se hagan más torrenciales en el Mediterráneo, el miedo va a crecer. Y mucho. La información cargada de incertidumbres se viraliza rápido, pero complica el trabajo de alfabetización meteorológica que necesita nuestro país.
Imagen | Meteogix
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