El 35% de la Tierra ya es terreno seco. Ahora los científicos han calculado cómo podría cambiar ese mapa

Tierra Seca

Pese a que demonizamos el CO₂, nos está sirviendo de aliado para controlar las previsiones

José A. Lizana

Editor

El cambio climático está reconfigurando el mapa global, y las zonas áridas son las principales protagonistas. Esto está haciendo que en los últimos meses surjan muchas noticias que apuntan a una desertificación gradual de nuestro planeta debido al aumento de las temperaturas y la caída de las precipitaciones. Pero el clima es mucho más complejo, y un reciente estudio ha puesto sobre la mesa que el dióxido de carbono puede ser clave. 

De dónde partimos. Para entender la magnitud del fenómeno climático que estamos viviendo, primero hay que saber exactamente cuál es el porcentaje de tierra seca que tenemos en nuestro planeta. Y aquí un equipo de investigadores ha llegado a apuntar que estas tierras secas representaron el 35,58% de la superficie terrestre entre 1994 y 2023. 

Llegar a esta cifra no se hace de la noche a la mañana, y para lograrlo los autores utilizaron el índice de aridez, que es una métrica aceptada por la propia ONU que se calcula dividiendo el nivel de precipitaciones entre la evapotranspiración potencial. Una vez se tiene el resultado, solo hay que saber que, si es inferior a 0,65, la zona entra en esa categoría climática. 

El futuro es lo que verdaderamente puede preocuparnos, y aquí el estudio analizó 19 modelos climáticos bajo diferentes escenarios de emisiones, y en el escenario más extremo, la superficie árida alcanzaría un máximo del 40,28%, lo que supone sumar unos 2,37 millones de kilómetros cuadrados adicionales en comparación con el periodo de referencia. 

El "truco del CO₂". Pese a que vemos este gas como algo nocivo y lo responsabilizamos prácticamente de todos nuestros males climáticos, la realidad es que gracias a este las estimaciones que se hacen están mucho más contenidas. Y la explicación que encontramos es que, pese a que el CO₂ es el gas responsable de intensificar el calentamiento global, también tiene un efecto directo sobre las hojas de nuestra vegetación. 

Esto quiere decir que, al haber más CO₂ disponible en el aire, las plantas pueden permitirse reducir su conductancia estomática, que no es más que abrirán menos los pequeños poros que hay en sus hojas. Y al hacer esto, pierden menos agua mediante la transpiración, haciendo que se modere una parte de la expansión de las tierras secas que se obtendrían por el cálculo convencional. Aunque esto no quita que las lluvias sean omitibles, puesto que siguen siendo la variable fundamental que determinará lo que ocurrirá en un futuro. 

No es lo mismo que desertificación. Uno de los errores más comunes al interpretar estos estudios es creer que las tierras secas son lo mismo que un desierto. Y es que, mientras la aridez es una clasificación puramente climática basada en la lluvia y la evaporación, la desertificación es la degradación de la tierra que requiere evaluar el estado del suelo, la salud de la vegetación, la productividad y el uso humano de los recursos. 

De hecho, el propio Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) advierte que el índice de aridez tiene una utilidad limitada cuando las concentraciones de CO₂ están en aumento, ya que la humedad real del suelo o las tendencias de la vegetación no siempre evolucionan igual que el índice atmosférico.

Un escenario desigual. Otro punto bastante importante de este estudio radica en que la progresión de la sequía será diferente en las regiones del planeta. Por ejemplo, se apunta a un secado persistente en zonas como Australia, el este de Brasil y el norte de África, mientras que proyecta tendencias de humedecimiento en el norte y noroeste de China. 

Vía | Science Post

Imágenes | Joetography

En Xataka | De la sequía al diluvio: la brutal oscilación de los ríos de la península ibérica, en un mapa interactivo

Ver todos los comentarios en https://meteo.xataka.com

VER 0 Comentario
↑