
2026 ha sido un año rarísimo a nivel meteorológico y el final de él no va a ser menos
El lunes, al amanecer, el termómetro de Cabaña Verónica, en Picos de Europa, llegó a los −4,6 °C. Fue la temperatura más baja de España ese día y llegó envuelta en las primeras nieves del otoño. Esa fue la primera señal.
La segunda ha ocurrido esta misma mañana. A las ocho, Robleda-Cervantes, en Sanabria, estaba a −3,1 °C. Álava, por su lado, estrenaba la temporada de heladas.
Hace justo uan semana, Rubén del Campo, el portavoz de AEMET, había hablado de 33 ó 34 grados en Córdoba y Sevilla y de una semana con hasta 10 grados por encima de lo normal. Las danas y las vaguada polares estaban llegando a la península, pero de alguna manera el verano se resistía a irse.
Hasta ahora.
¿Ha llegado ya el invierno? Esa es la gran pregunta de los últimos días y la respuesta es clara: no. Si miramos la serie histórica, podemos comprobar que estas temperaturas, estas nieves y estas heladas han llegado (más o menos) cuando tocaba.
Lo raro han sido todos los días previos. Los días que, por cierto, con sus temperaturas medias, han contribuído a que nos parezca este cambio más brusco de lo que debería.
¿Y qué ha pasado últimamente? Que la dorsal anticiclónica que nos estaba 'protegiendo del frío' ha desaparecido. Así, aunque AEMET ha señalado que las temperaturas en el norte y el centro podían ser más bajas de lo normal, lo que dice es que tenemos temperaturas "en líneas generales, propias de la época".
De hecho, las heladas tienen más que ver con la irradiación que con otra cosa. Es decir, con los cielos despejados, el aire seco y las ausencia de viento. Los días "templados" conviven con noches llenas de hielo en los valles y los altiplanos. En la costa, eso no pasa.
¿Y entonces? Bueno, las predicciones semanales de AEMET dicen que, entre el 26 de octubre al 1 de noviembre, lo más probable es que las temperaturas estén por encima de la media de nuevo. Y la del 2 al 9 de noviembre, aunque las incertidumbres son mayores, también puede serlo. Así que no es buena idea vender la piel del oso antes de cazarlo: esto no es el invierno.
Y, por lo que sabemos, puede que tarde mucho en llegar.
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