
AEMET lleva años avisando y no le hemos hecho caso: las danas dejan cada vez más agua en la costa mediterránea
Cuando AEMET anunció que nombraba a Adam como la primera dana de alto impacto de la temporada, ya sabíamos que la situación iba a ser complicada. Lo ha sido. Lo está siendo.
Y, sin embargo, lo cierto es que la llegada de danas cada vez más lluviosas está suponiendo un verdadero quebradero de cabeza para toda la costa mediterránea. ¿Hasta cuándo vamos a poder seguir adelante sin tomar medidas drásticas?
¿Qué ha pasado? ¿Qué está pasando? Adam. Eso es lo que está pasando estos días: la primera dana con nombre de la temporada se descolgó y quedó aislada al norte de la península con un flujo del este (muy húmedo) empujando hacia la costa.
El aviso especial de la AEMET hablaba de hasta 200-300 mm en el litoral sur de Valencia y en el entorno del cabo de la Nao. El aviso rojo ha estado activo hasta las 10 de la mañana de hoy. El episodio se ha saldado con dos víctimas, pero no ha terminado. La lluvia irá escalando hacia el norte por la fachada mediterránea.
Pero nada de eso es especialmente llamativo. Lo que todo el mundo se ha apresurado a señalar es que es el segundo aviso rojo por lluvia en la costa valenciana en tres semanas y la tercera dana que se aísla cerca de la península este mes.
¿Hay más danas entonces? Eso es la sensación generalizada, pero los datos no dejan afirmarlo con rotundidad. Daniel Gonzalo Alonso y María Eugenia Pérez González, de la Universidad Complutense, revisaron los registros desde 1924 (unas 1.489 danas) y descubrieron que se dan unas quince al año. No existe, según su investigación, ninguna tendencia de cambio significativa.
Por supuesto, esto no quiere decir que no esté cambiado a futuro y aún no lo hayamos detectado; pero, sinceramente, hay una alternativa más plausible: la memoria meteorológica es problemática y lo que puede estar pasando es que las recordemos mejor porque dejan mucha más agua.
¿Más agua? Otro estudio, este coordinado por J. J. Miró, analizó 899 episodios torrenciales desde 1950. Ahí sí hay una tendencia y esa es a más agua en las que nos afectan en el este. Es lógico, el Mediterráneo otoñal está extremadamente cálido.
Sea como sea, esto hace que haya muchas más danas dignas de recordar. Es decir, peligrosas.
Pero que llueva más es buena noticia, ¿no? En realidad, este tipo de danas son la peor forma de lluvia de las que afectan al país. Al menos, en lo que se refiere al provecho que podemos sacar de ella. En estos fenómenos, la lluvia torrencial suele caer en la parte media y baja de las cuencas. Justo donde no tenemos los grandes embalses.
La historia es la de siempre: estas danas descargan en cuencas cortas, empinadas, provocan inundaciones, colapsan las infraestructuras y nos suelen pillar desprevenidos. Sobre todo, porque aunque todo esté a punto (que normalmente no lo está), la intensidad de fenómeno supera la capacidad de nuestra infraestructuras.
¿Y qué hacemos? Ese es el gran debate que nos toca. Uno que pareció activarse con la dana de Valencia, pero que hemos tenido la capacidad de pasar por alto. Y ese es el problema real.
Cada vez vive más gente en zonas susceptibles de recibir el impacto de una dana torrencial. "Este tipo de fenómenos tiene un periodo de recurrencia de cierto tiempo", nos explicaba hace unos años Emilio Rey. "Algunos ocurren cada 20 años, otros cada 50 ó 100 años. Pero sabemos que va a pasar de nuevo. Ha pasado siempre y seguirá pasando en el futuro porque nuestra situación en el planeta y las circunstancias de esta época del año lo permiten. No va a pasar todos los años pero va a pasar".
La decisión es si gastamos lo que hace falta pese a que no sabemos cuándo hará falta o no. Y, sinceramente, esa decisión es cada vez más importnate.
Imagen | Meteociel
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